Artículos
UN HUMANISMO INTEGRAL Y SOLIDARIO
UN HUMANISMO INTEGRAL Y SOLIDARIO
El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia producido por el Pontificio Consejo “Justicia y Paz” utiliza en la introducción del mismo la expresión que hemos puesto en el título de este artículo: Un humanismo integral y solidario. Sintéticamente, podría decirse entonces, que lo que pretende la DSI es aportar los lineamientos que contribuyan a la superación integral del ser humano, es decir la superación de todo el hombre y de todos los hombres, como dijo Paulo VI en la Encíclica Populorum Progressio.
Esta superación o desarrollo integral del hombre significa que se debe tener como fin, el crecimiento intelectual, moral, físico, social y espiritual de la persona humana. No se trata pues sólo de conseguir un desarrollo económico sino el desarrollo completo del ser humano. Quiere decir, por ejemplo que la educación formal debe llegar a todas las personas y que la educación informal debe estar impregnada de los mejores valores de la persona humana, como serían los valores éticos, sociales, económicos, políticos y religiosos.
Significa también este desarrollo integral que la sociedad debe tratar de proporcionar los medios apropiados para la conservación y recuperación de la salud física y su desarrollo mediante sistemas de salud preventivos y curativos.
Esta finalidad general propuesta por la DSI es para beneficio de todas las personas, sean creyentes o no, porque se trata de una propuesta para lograr el “bien común” de la sociedad, tanto de los países, individualmente considerados, como de la humanidad en su conjunto. En la base de este pensamiento que es preocupación por el bienestar integral de todas las personas se encuentra el principio de solidaridad, o sea el interés de ayudarnos unos a otros bajo el signo del amor, del respeto y de la justicia.
Para conseguir los convenientes cambios en las estructuras sociales que nos lleven al surgimiento de una sociedad fundada en los principios de la DSI, se nos presenta un amplio panorama de trabajo para constituir de acuerdo a esos principios, las instituciones como la escuela, la universidad, la empresa, la familia y el Estado; lo cual, nunca se logrará si no logramos el cambio de las personas, de modo que interioricen y hagan suyos y practiquen los valores de la solidaridad, del amor, del respeto y la justicia, en su vida personal y en su vida de relación con los demás en el trabajo y en la convivencia social en general.
Para ello sugiero que hagamos un plan personal de estudio de las Encíclicas Sociales y otros documentos, tales como el compendio de la DSI de modo que saquemos de ellos las ideas necesarias para realizar los cambios convenientes en nosotros mismos y en los ambientes en los que nos desenvolvemos.
Luis Lara Roche.
Catedrático de la Universidad del Istmo.